Dr. Dracula

Un hombre vestido como médico duerme en la camilla, luz tenue, brazos cruzados al pecho. Tiene estetoscopio al cuello, biromes en el bolsillo.

Se prende la luz y se abre la puerta. Ingresa al consultorio una mujer. El médico se despereza y se ven en su boca los inconfundibles colmillos de Drácula.
El Dr. Dracula le da la bienvenida y rápidamente saca una jeringa como para sacarle sangre.

La mujer era una empleada que venía a cambiar el bidón de agua, por lo cual se niega a la extracción. Se va.

Luego ingresa un médico verdadero al consultorio, el Dr. Raúl, y Drácula, sobresaltado, entrega el estetoscopio y las biromes, y se coloca una cofia de enfermero. El médico lo mira desaprobando, pero no dice nada. Se limita a abrir las cortinas y deja entrar más luz.

Ingresa otra paciente, y Drácula en seguida sale con la jeringa. El Dr. lo frena. Sólo hay que tomarle el pulso y darle una receta.

Ingresa un paciente con un pequeño corte, cubierto por un algodón rojo. El médico atiende, Dracula trata de lamer la herida cuando no lo ven, pero cada vez se frustra por culpa del paciente o del médico. Dracula saca un chupetín de frutilla y lo lame, para disimular sus vanos intentos de chupar sangre.

dr dracula

Finalmente ingresa una bella paciente muy lastimada, desmayada, con varios apósitos rojos. Drácula se pone guantes y una especie de servilleta al cuello. Justo el médico tiene que salir y deja todo en manos de Drácula.

Drácula está feliz y sumamente ansioso. Entonces retira unos algodones enrojecidos del abdomen del paciente, y vé (supuestamente) las graves heridas.

Impresionado por la vista de la sangre, el Enfermero Drácula se desmaya, y debe ser asistido por la paciente.

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