“Secuestro extorsivo” o “Fotos cambiadas”.

Tomás es un empresario importante, tramposo, explotador y amarrete; tiene una esposa y unos amigos snobs y falsos. Tomás saca fotos clandestinas de unos papeles de su socio y las lleva a revelar. Pero sucede que los rollos se mezclan accidentalmente en el laboratorio fotográfico.
 Tomás examina las misteriosas fotos que le tocaron: 8 o 9 de un señor en una habitación sin ventanas leyendo el diario del día, afeitándose, comiendo; una persona con máscara, y un cocinero gordo posando con unas tortas en el mostrador de una confitería conocida.  Deja su TE en la casa de fotos y se va. Al rato lo llaman diciendo que tienen sus fotos y lo citan en un bar. En una mesa hay un petiso con bigotazo acompañado de un gordo de aspecto afeminado y tonto, con barba y también lentes oscuros. Tomás se acerca y le pregunta al gordo si es repostero de la confitería del Molino. El gordo dice que sí, y Tomás se presenta y les entrega las fotos.
 El petiso se sorprende, pues no esperaba que en el rollo hubiera fotos de su compañero; el gordo le explica que usó un rollo empezado, porque que le dio pena desperdiciarlo.
 El petiso examina sus fotos y en lugar de entregar las de Tomás, saca una pistola y lo lleva por la fuerza con ellos.
 Lo encierran junto con el hombre que aparecía en la fotos leyendo el diario. Este le explica que está secuestrado; y que cuando su flia. reciba las fotos que prueban que está bien, pagarán el rescate. Tomás comprende que al identificar al gordo y su lugar de trabajo, se puso en grave peligro.
 Los secuestradores deciden retenerlo un tiempo y pedir rescate por él. Lo tratan de modo extraño; por algún motivo piensan que es muy pobre y maricón. El petiso sólo espera recibir 3 o 4.000 dólares por su rescate, y el gordo lo mira con cariño. Tomás no entiende nada, hasta que logra ver sus supuestas fotos: una casilla precaria, un chiquero, un gallinero y un travesti en distintas poses. Decide no explicarles nada y seguirles la corriente.
 Los parientes del secuestrado pagan el rescate y éste es liberado; pronto traen a una secuestrada, muy bonita, llamada Mirta.
 Charlan y la chica hace muchas preguntas: si la flia. de Tomás lo busca, si alguien vió el secuestro, si le parece que llamaron a la policía,  cuánto dinero tiene Tomás, si su esposa va a pagar el rescate.
 Tomás le dice a Mirta que pronto su esposa pagará los 5000 y podrá irse, y ésta llora porque a sus parientes les pidieron mucho más. La chica se saca bastante ropa porque hace calor y se pone mimosa, pero él no le da bola, enamorado de su esposa y sospechando que la chica es socia de los secuestradores.
 Los secuestradores llaman a su mujer para pedirle el rescate, pero a pesar de que lo rebajan hasta 2500$, tanto ella como el socio de Tomás ponen excusas para no pagar: sucede que tienen un romance y se lo quieren sacar de encima. Los amigos de Tomás resultan falsos, y tampoco quieren pagar.
 El empieza a angustiarse porque nadie paga el mísero rescate. Mirta lo consuela y le hace replantear la clase de amigos que tiene y la vida que lleva. Finalmente él se sincera y le cuenta que es rico, y que tiene una importante fábrica.
 Juntos arman un plan: el cuñado de Mirta conseguirá 500$ para el rescate de Tomás. Cuando él salga libre, conseguirá el dinero para rescatarla.
 Así sucede. Pero cuando Tomás llega a su casa, se hace obvio que no tenía intenciones de pagar el rescate de Mirta. Los secuestradores llaman de parte de ella, pero él no los atiende.
 En los días siguientes Tomás sueña con ella y se siente mal. Para colmo está cada vez peor con su esposa.
 Finalmente decide juntar el dinero para el rescate de la chica. Pero justo cuando va a hacerlo, se entera que su socio se fugó con su esposa, y que se llevaron todo. Aunque quiere rescatar a Mirta, no puede. Tiene 24 hs. de plazo, sinó la matarán.
 Vende todo, consigue dinero prestado de un usurero, visita a sus ex-amigos y con gran esfuerzo reúne los 100.000 justo a tiempo. Espera el llamado de los secuestradores. Le dicen que entregue el dinero a una persona con máscara, que aparecerá en la ventanilla de un subte.
 Espera en el andén. Llega el subte, y aparece la cara con máscara, que es la misma de la foto. Tomás entrega el dinero. Pero antes de que arranque el subte, la persona se saca la máscara y lo mira: es Mirta. Se da cuenta que Mirta fue cómplice de los tipos todo el tiempo; lo engañaron como un chico. Sólo en el andén, se pone a llorar; perdió esposa, socio, Mirta y 100.000$. Se acerca al borde como para suicidarse.
 Se acerca el subte; Tomás va a saltar. Pero a último momento, alguien le toca el hombro: se da vuelta, y ve que es Mirta arrepentida, que viene a devolverle el dinero; se abrazan, se besan y FIN.

 Serapio 15/10/91.

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